El vino de San Juan tiene en sus valles cordilleranos y en la recuperación de variedades ancestrales dos de sus principales diferenciales. Calingasta, Pedernal e Iglesia se destacan por sus condiciones de altura y por el potencial para elaborar vinos con identidad propia.
Durante la cata a ciegas del Concurso Nacional Guarda14, el enólogo Pedro Pelegrina, vicepresidente del Consejo Profesional de Enólogos de San Juan, analizó el presente de la vitivinicultura provincial, el crecimiento de los valles y el rescate de las uvas criollas. Además, explicó qué características de cada región pueden favorecer la elaboración de distintos estilos de vino.
Pedro Pelegrina, enólogo y vicepresidente del Consejo Profesional de Enólogos de San Juan, participó de la cata a ciegas del Concurso Nacional Guarda14.
Marcelo Alvarez
Los valles emblemáticos son importantes para el vino de San Juan
San Juan es la segunda provincia vitivinícola más importante de Argentina, pero todavía enfrenta el desafío de consolidar sus vinos varietales y fortalecer su reconocimiento en el mercado. Para Pedro Pelegrina, el desarrollo de zonas con identidad propia puede impulsar no solo a las bodegas que trabajan en esos territorios, sino también al resto de la producción provincial.
“Creo que a San Juan le está costando despegar en lo que son vinos varietales. Más allá de lo que dijiste vos al principio, tiene cuatro o cinco valles realmente importantes”, señaló el enólogo al analizar la evolución del sector.
En ese contexto, Calingasta se destaca por su crecimiento en superficie cultivada, producción de vinos y cantidad de bodegas, incluso en un escenario adverso para la industria. “Paradójicamente, a pesar de la crisis, el único valle que ha crecido es Calingasta, en hectáreas y, obviamente, en producción de vinos y en bodegas”, afirmó.
Para Pelegrina, la estrategia pasa por posicionar territorios capaces de expresar características distintivas y funcionar como referencia para el conjunto de la vitivinicultura sanjuanina. “La forma de que San Juan arrastre la producción es tener lugares emblemáticos, como Calingasta, Pedernal o Zonda, que sirvan para traccionar el resto de los vinos”, explicó.
El enólogo también consideró que ese impulso puede beneficiar al Valle de Tulum, una de las principales zonas productivas de la provincia, a partir de la valorización de sus propios lugares de interés vitivinícola. Pese a las dificultades económicas que atraviesa el sector, sostuvo: “No es el mejor año para la industria, pero seguimos apostando, seguimos creyendo que hay que ir por ese camino y mejorar continuamente la calidad”.
Calingasta fue pionera en recuperar las uvas criollas y revalorizar el patrimonio vitivinícola
La recuperación de las uvas criollas es otro de los procesos que Pelegrina destacó al analizar la evolución del vino sanjuanino. En particular, valoró el trabajo de las bodegas que comenzaron a elaborar etiquetas con variedades tradicionales en Calingasta, cuando todavía no existía el interés actual por estos vinos.
“Calingasta fue pionera en el tema de las uvas criollas. Los proyectos que se instalaron allá, dos bodegas grandes e importantes, fueron pioneros en rescatar nuestras uvas criollas”, recordó.
Según explicó, aquellas iniciativas generaron sorpresa en sus comienzos, pero contribuyeron a recuperar variedades que forman parte de la historia vitivinícola argentina. Entre ellas, mencionó los torrontés sanjuaninos, cuyas características los diferencian de los elaborados en Mendoza.
“Cuando ellos comenzaron, nosotros decíamos: ‘Está loca esta gente’. Hablaban de las criollas y de los torrontés sanjuaninos, que son distintos de los mendocinos. Luego, esa onda llegó a distintos lugares, llegó a Salta”, relató.
Para el enólogo, el avance de estos vinos refleja un cambio en la forma de valorar las variedades tradicionales y su relación con el territorio. La recuperación de las uvas criollas, en ese sentido, permite ampliar la diversidad de la oferta y preservar un patrimonio que durante años tuvo menor protagonismo.
“La criolla ya es un hecho y es una revalorización de nuestro patrimonio. Estoy orgulloso de que esas uvas, o esa zona, hayan sido las primeras en recuperar nuestras uvas ancestrales”, sostuvo Pelegrina.
Los valles de altura de San Juan combinan radiación solar y amplitud térmica
Las condiciones climáticas y geográficas de los valles cordilleranos constituyen uno de los principales atributos de la vitivinicultura sanjuanina. Pelegrina señaló que la amplitud térmica continúa siendo una característica de zonas como Pedernal y Calingasta, además de Iglesia, donde los viñedos alcanzan mayores altitudes.
Calingasta, Pedernal e Iglesia se destacan por sus condiciones de altura y amplitud térmica, atributos que influyen en el perfil de los vinos sanjuaninos.
Gentileza
“Pedernal sigue teniendo amplitud térmica. En todo lo que esté por encima de los 1.300 metros, vas a encontrar esa condición”, explicó. En Calingasta, el enólogo destacó la combinación de una importante radiación solar durante el día y un marcado descenso de las temperaturas durante la noche. Estas condiciones contribuyen a definir las características de los vinos que se elaboran en la zona.
Otro de los territorios que mencionó es Iglesia, un valle que viene ganando presencia en el mapa vitivinícola provincial: “Iglesia está aún más alto, ahí estamos hasta los 2.100 metros. Pasa lo mismo, tenés muy buena radiación, pero también amplitud térmica”, detalló.
La combinación de altura, clima y diversidad de suelos permite desarrollar perfiles diferenciados entre las distintas zonas productivas. Según Pelegrina, esas condiciones explican parte del potencial de los principales valles cordilleranos. “Eso, obviamente, genera, con condiciones diferentes de suelos, vinos muy buenos en los tres valles”, afirmó en referencia a Calingasta, Pedernal e Iglesia.
Por qué el Valle de Tulum y el Este mendocino pueden ganar protagonismo en los vinos de baja graduación alcohólica
La elaboración de vinos de baja graduación alcohólica plantea desafíos diferentes según las características de cada zona productiva. Para Pelegrina, los valles de altura tienen condiciones que dificultan el manejo de este atributo, por lo que considera que las regiones de menor altitud pueden ofrecer mejores oportunidades para desarrollar ese estilo. “Yo creo que en los valles de altura va a ser muy difícil manejar la graduación alcohólica baja”, advirtió.
En su análisis, el Valle de Tulum, en San Juan, y el Este mendocino tienen condiciones para avanzar en la elaboración de vinos con menor contenido de alcohol. La diferenciación entre regiones permitiría aprovechar las características de cada territorio para desarrollar distintos perfiles de producto.
“Creo que es ideal jugar con los valles grandes, como el Valle de Tulum, en San Juan, y el Este mendocino. Esa es nuestra fortaleza para los vinos de bajo grado”, concluyó Pelegrina.